Viajando sola en Sudamérica

Lucía blogueraviajera viajando sola en sudamérica

He perdido todas las fotos de este viaje y las pocas que tengo las he tenido que sacar de Facebook donde las subí hace mil años y la calidad deja bastante que desear. Pero este post no va de imágenes bonitas, ni de los lugares que no puedes perderte en tu viaje por Sudamérica, ni de consejos prácticos para recorrer Argentina, Bolivia, Chile o Uruguay. Este post va de inspiración como se dice ahora, y de mi historia de cuando decidí irme a recorrer América del Sur sola, bueno, viajando sola no, porque iba con mi mochila a todos lados.

Este viaje ha sido, que no fue, una de las mayores aventuras que he hecho en cuanto a viajes se refiere y probablemente de mi vida entera. Aunque sin saberlo luego vendrían otras muchas aventuras, pero esta vez no serían en forma de viajes, si no experiencias de vida como cambiar de ciudad para vivir de forma indefinida lejos de casa, comprometerme con una persona para siempre o la maternidad y formar una familia. Aunque este viaje fue hace mil años, cuando todavía era joven y un poco inconsciente (contenta se pondrá mi madre si lee esto porque estoy hablando como ella jajaja) sigo diciendo que el viaje ha sido, porque era un pasado más cercano, porque lo siento reciente como si fuera ayer y porque muchas de las cosas que me traje en la mochila cuando volví las sigo guardando como si de tesoros de tratase. Y no me refiero a cosas materiales, que de esas alguna todavía guardo en forma de souvenirs o figuritas que tengo olvidados en una caja en el garaje. Lo que me traje son un montón de vivencias, de experiencias, de aventuras, de momentos que hicieron que la mochila que volvió fuese la misma pero la Lucía que volvió ya no era igual.

Esa Lucía estaba cambiada, y prueba de ello es que cuando volvió estaba desubicada, como nos ha pasado a muchos al volver a nuestra casa después un gran viaje. Esa Lucía se miraba al espejo y se veía más o menos igual, pero de lo que no era consciente era de todos los cambios que vendrían después de esta experiencia. Y no, después de eso no decidí dar un cambio radical a mi vida, dejar mi trabajo y mi casa y gastar todos mis ahorros para irme a dar la vuelta al mundo montando un negocio digital. Más que nada porque no tenía ni casa, ni trabajo y mucho menos ahorros y las palabras negocio digital ni existían por aquel entonces. Esos cambios vivieron lentamente, despacito y fueron sucediendo todos por dentro y sin avisar.

Ese viaje hizo un «clic» en mi cabeza. Y si, sé que suena a tópico topicazo pero así fue. Volvió una chica que había pasado sola unos meses fuera, que había tenido que decidir qué hacer cada día, que había tenido que buscarse la vida lejos de su país, sin móvil, sin tecnologías y con poco dinero, en otro continente y aunque el idioma es el mismo, muchas otras cosas no lo eran. Volvió una chica que había sido libre, que había tenido mucho tiempo para estar con ella misma y conocerse y que se había sentido empoderada, valiente y feliz, muy feliz.

Las palabras no son suficientes para expresar todo lo que cambió en mí en ese viaje, y ni siquiera soy consciente de todo lo que me pasó. Solo sé que esa sensación de llegar de algún lugar, de algún viaje, de alguna aventura o de alguna experiencia de vida y sentirse desubicada al volver a casa es algo que angustia cuando sucede y da pena y nostalgia, pero es una sensación a la larga, maravillosa y que todo el mundo debería vivir al menos una vez.

En esta aventura fue la primera vez que escribí un diario de viaje, y me alegro infinitamente porque si no no recordaría todos los lugares que recorrí, la gente que conocí y los manjares que comí. Pero lo que si recuerdo fue una constante del viaje, que cada día durante esos meses me sentí libre e inmensamente feliz.

Y podría seguir escribiendo de cómo me sentí hace quince años (madre mía qué vieja me siento) cuando en España le anuncié a mis padres y mis amigos de que cogía la mochila y me iba y su respuesta común era, después de abrir los ojos como platos, decirme que estaba loca de remate. Pero me importó todo un pimiento, cada comentario suyo me hizo más valiente y más fuerte y me fui. Y de cómo me sentí también cuando unas horas después cruzaba el charco y aterrizaba en Buenos Aires y después de conocer entre hostel y hostel a un puñado de mochileros de un montón de países diferentes, me daba cuenta de que la gente hacía lo mismo que yo durante muchos más meses o incluso años. Y ahí me lleve la primera en la frente, lo que era antes una gran aventura había pasado a ser como una escapada de fin de semana, pero mis ahorros no daban para más.

Lucía blogueraviajera viajando sola en sud américa

Y al final esa escapada de fin de semana o esa gran aventura en solitario sembraron en mi la semilla viajera que cambió para siempre mi forma de ver los viajes y mi forma de ver esta gran aventura a la que llamamos vida.


Si quieres saber más sobre las consecuencias de esa semilla viajera que traje de Sudamérica, puedes leer sobre mis aventuras, esta vez en pareja, cuando casi nos pisan un montón de búfalos en Tanzania o nuestro gran viaje en familia recorriendo la Costa Oeste de Estados Unidos en autocaravana.

Muchas gracias por leerme y nos vemos en el próximo destino 😉


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